La insatisfacción de los dominicanos se puso de manifiesto en la última encuesta Gallup-HOY en donde el 57% de la población quisiera marcharse del país debido al acoso negativo de diversas naturalezas que hacen imposible la vida normal y decente de la población.
No es un secreto para ninguno de los dominicanos que llevamos una vida miserable y que para hacerla más llevadera debemos procurar con nuestros esfuerzos a resolver las deficiencias que provocan quienes nos gobiernan o quienes nos atacan en actos delincuenciales de envergadura.
Si nuestra meta, por nuestra condición de productor de bienes por el trabajo honesto, debe ser que si necesitamos agua debemos construir una cisterna con su bomba y para beberla debemos comprarla en botellones, o perforar un pozo profundo e instalarle su equipo de impulsión para asegurar el agua que se necesita en las actividades hogareñas. Y también en las empresariales de industrias que necesitan del agua en forma permanente en la elaboración de sus productos.
Si queremos educar a nuestros hijos no podemos enviarlos a las escuelas oficiales, sino que debemos buscar un centro de educación privado, ya que en el sector oficial con las huelgas y las deficiencias magisteriales es imposible pensar en educar a nuestros descendientes en un medio adecuado que sea proporcionado gracias a los impuestos que nos cobran, y no que se destinen en un malgasto a cubrir botellas o satisfacer caprichos políticos.
Si es la salud que debemos procurar o mantener, debemos acudir a las clínicas privadas y poseer un seguro privado, ya sea del tipo empresarial o personal, pues en el sistema público de salud no se puede contar por las grandes deficiencias, en que lo único menos malo es la pobre gestión gerencial, ya que por lo demás se impacta negativamente en la salud de los pacientes que acuden porque no tienen otros recursos, a los hospitales del Estado, que por más propaganda que aireen, se sabe que las condiciones no son las más adecuadas. Los equipos hospitalarios están dañados, robados o vandalizados, las medicinas escasean, no aparecen los materiales de uso cotidiano en un centro de salud en donde casi siempre las instalaciones sanitarias dan asco y vergüenza por su estado deplorable de falta de mantenimiento.
Si es para asegurarnos que no nos asalten debemos reforzar la seguridad de los hogares con enrejado en acero, sistema de alarmas, altas verjas electrificadas o con alambre trinchera y mantener un personal de seguridad que garantice algo de bienestar de poder vivir con sosiego, ya que la fuerza pública para la seguridad ciudadana está cada día más corrompida, y decididos muchos de sus integrantes a salir con el cuchillo en la boca para obtener los ingresos para alimentar a sus familias, ya que los salarios que devengan solo sirven para estimularlos al delito, al tener un arma de fuego en su poder. La forma privada de buscar la protección, que no nos garantiza el sistema público, es para evitar que nos despojen de nuestros bienes y propiedades, o que nos quiten la vida en los asaltos cotidianos que se conocen públicamente o los que se esparcen a nivel de vecinos.
Si es para el transporte público hay que pensar en algo más seguro que las voladoras y los destartalados carros de concho, en que los dueños del país viven reclamando y exigiendo que los gobiernos les financien o les regalen equipos que nunca pagan y luego, cuando se hace algún intento de cobro, lo denuncian como un abuso en contra de los pobres padres de familia. Entonces es necesario tener un transporte propio que asegure llegar a tiempo a los compromisos, laborales, familiares, de esparcimiento o de salud.
Si queremos alimentarnos bien, estamos sujetos a que los precios en los comercios se modifiquen cada día, elevando el costo de la canasta familiar en el sector de clase media, con la excusa de que la peculiar ley de hidrocarburos impone cada semana nuevos aumentos, pero gracias a la reelección en marcha están interpretando la ley de mejor manera, para amortiguar el impacto de los aumentos semanales con disminuciones a veces pírricas y otras considerables para lo que era el comportamiento oficial del pasado. Y eso que muchos aranceles han desaparecido y otros se han reducido. La falta de energía segura y barata nos impone un infierno permanente que nos obliga a gastos excesivos de plantas auxiliares e inversores.
Sin embargo, con tantas limitaciones, el país avanza de manera notable. Es que el afán del dominicano para prosperar se impone por más limitantes que nos interponen los políticos que nos gobiernan, que solo actúan en procura a sus beneficios y utilizan lo que pagamos en impuestos para asegurar lealtades y proyectos del ejercicio prolongado del poder.